Uno de los aspectos más relevantes del patrimonio artístico flamenco del s. XV y XVI son las tapicerías. Los duques de Borgoña, Carlos V y Felipe II no viajaban nunca sin sus tapices flamencos.
Estos grandes "frescos portátiles" les procuraban no sólo confort personal y placer estético, sino que establecían su prestigio social y tenían un fin político. Las escenas representadas contribuían a reforzar la imagen de la dinastía, del Estado y del soberano. Con motivo de la exposición que tiene lugar en la Abadía de San Pedro (www.gent.be/spa) se han reunido algunas piezas maestras de la colección real española y de colecciones privadas también españolas.
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